LA INTERPRETACIÓN II : HACIA LO REAL
« El analista, él, es algo totalmente distinto. Está en un momento de muda. Durante un breve lapso, se pudo advertir en qué consistía la intrusión de lo real. El analista se queda ahí. Está allí como un síntoma. Sólo puede perdurar en tanto síntoma. »

II. Hacia lo real.
J. Lacan.
1971
« No hay interpretación que no concierna el lazo entre aquello que, en lo que ustedes escuchan, se manifiesta como palabra, y el goce. Puede que lo hagan inocentemente, sin haberse percatado jamás de que no hay interpretación que no quiera decir siempre otra cosa; pero, en fin, una interpretación analítica es siempre eso. Que el beneficio sea secundario o primario, el beneficio es de goce.»
« Sea como sea, de la insistencia con la que el inconsciente nos entrega lo que formula, se desprende lo siguiente: si nuestra interpretación no tiene nunca más que el sentido de hacer notar lo que el sujeto encuentra allí, ¿qué encuentra? Nada que no deba inscribirse en el registro del goce. »
«… la interpretación requiere, para ser recibida, eso que, al comenzar, llamaba trabajo. El saber, él, es del orden del goce. No se ve en absoluto por qué habría de cambiar de lecho.»
« No hay interpretación analítica que no esté hecha para dar a alguna proposición que se encuentre su relación con un goce. ¿Qué quiere decir el psicoanálisis? Que esa relación con el goce es la palabra la que asegura su dimensión de verdad. Y aun así, no por ello queda más asegurado que la palabra pueda decirla completamente. No puede, como yo lo expreso, más que mi-dire (medio-decir) esa relación, y forjar a partir de ello un semblante: el semblante de lo que se llama un hombre o una mujer. »
1972
« Llego a eso tanto más fácilmente cuanto que no creo en absoluto en el sentido común. Hay sentido, pero no hay nada de común… Secreten sentido con vigor, y verán cuán más fácil se vuelve la vida. Es precisamente por eso que me he dado cuenta de la existencia del objeto a, del cual cada uno de ustedes tiene el germen en potencia. Lo que constituye su fuerza, y al mismo tiempo la fuerza de cada uno de ustedes en particular, es que el objeto a es completamente extranjero a la cuestión del sentido. El sentido es una pequeña pintarrajeada añadida sobre ese objeto a con el cual cada uno de ustedes tiene su ligadura particular.»
« El analista, yo preciso, no es en absoluto nominalista. No piensa en las representaciones de su sujeto, sino que debe intervenir en su discurso proporcionándole un suplemento de significante. Eso es lo que se llama la interpretación. »
1973
« …pero pueden leer a Joyce, por ejemplo. Verán ahí cómo el lenguaje se perfecciona cuando sabe jugar con la escritura.
Joyce, concedo que puede leerse —aunque desde luego no sea traducible al chino. ¿Qué es lo que ocurre en Joyce? El significante viene a abarrotar el significado. Es por el hecho de que los significantes se ensamblan, se componen, se entrechocan —lean Finnegans Wake— que se produce algo que, en cuanto significado, puede parecer enigmático, pero que es precisamente lo más cercano a aquello con lo que nosotros, los analistas, gracias al discurso analítico, tenemos que vérnoslas: el lapsus.
Es en tanto lapsus que eso significa algo, es decir, que puede leerse de una infinidad de maneras diferentes. Pero es justamente por eso que se lee mal, o que se lee a trasmano, o que no se lee. Ahora bien, ¿no es esta dimensión del leerse suficiente para mostrar que estamos en el registro del discurso analítico? »
« Lo que Freud descubrió es esto: que el ser hablante no sabe los pensamientos —él empleó ese término—, esos pensamientos mismos que lo guían: insiste en que son pensamientos y, cuando se lo lee, uno se da cuenta de que esos pensamientos, como todos los otros, se caracterizan en que no hay pensamiento que no funcione como la palabra, que no pertenezca al campo del lenguaje. La manera en que Freud opera parte de la forma articulada que su sujeto da a elementos como el sueño, el lapsus, el chiste; pone por delante esos elementos […] no hay uno solo de esos elementos que él no considere como articulado por el sujeto, y es sobre esa articulación misma sobre la que recae su interpretación.
La nueva forma que él le sustituye mediante la interpretación es, diría yo, del orden de la traducción, y la traducción, cada uno sabe lo que es… siempre es una reducción y siempre hay una pérdida en la traducción; pues bien, de lo que se trata, en efecto, es de que se pierda; se palpa, ¿no es cierto?, que esa pérdida es lo real mismo del inconsciente, lo real mismo, a secas. Lo real para el ser hablante es que se pierde en alguna parte, ¿y dónde? Es ahí donde Freud ha puesto el acento: se pierde en la relación sexual. Es absolutamente fabuloso que nadie haya articulado eso antes de Freud, siendo que es la vida misma de los seres hablantes; que uno se pierda en la relación sexual, es evidente, es masivo, está ahí desde siempre y, después de todo, hasta cierto punto se podría decir que no hace más que continuar. Si Freud centró las cosas en la sexualidad, es en la medida en que en la sexualidad el ser hablante balbucea. Durante mucho tiempo eso no impidió que se fuera a imaginar el conocimiento sobre el modelo de esa relación en tanto que es soñada y, como acabo de decirlo, soñada quiere decir ahí: balbuceada, pero balbuceada en palabras. »
1974
« ¿Qué quiere decir que la interpretación es incalculable en sus efectos? Quiere decir que su único sentido es la jouissance. Es la jouissance, por otro lado, la que constituye un obstáculo total para que la relación sexual pueda inscribirse de algún modo, y en suma, eso permite extender a la jouissance esta fórmula: que el efecto de la interpretación es incalculable. »
« Por supuesto, eso que he tomado prestado de Saussure, simplemente, y de los estoicos bajo el término signatum, ese signatum es el sentido, y es tan importante como el acento que he puesto en el signans…
El signans tiene el interés de que nos permite, en el análisis, operar, resolver… —aunque, como todo el mundo, no seamos capaces más que de tener un pensamiento a la vez— …pero colocarnos en ese estado llamado pudorosamente atención flotante, que hace que, justamente, cuando el partenaire —el analizante— emite uno, un pensamiento, nosotros podamos tener uno completamente distinto: es un feliz azar de donde brota un destello. »
« Y es precisamente de ahí de donde puede producirse la interpretación; es decir, que, debido al hecho de que tenemos una atención flotante, escuchamos lo que él ha dicho, a veces, simplemente por una especie de equívoco, es decir, por una equivalencia material, nos damos cuenta de que lo que ha dicho… —nos damos cuenta porque lo padecemos— …que lo que ha dicho podía escucharse tout de travers (todo al través, de otra manera).
Y es precisamente al escucharlo tout de travers que le permitimos advertir de dónde provienen sus pensamientos, su semiótica propia, de dónde emerge: no emerge de otra cosa que de la ex-sistencia de la lalangue. Lalangue ex-siste en otro lugar que en aquello que él cree ser su mundo. »
« La interpretación, yo he dicho, no es una interpretación de sentido, sino un juego sobre el equívoco. Por eso he puesto el acento en el significante en la lengua. Lo he designado a partir de la instancia de la letra, para hacerme escuchar por vuestro escaso estoicismo. De ello resulta —he añadido después, sin mayor efecto— que es lalangue aquella por medio de la cual se opera la interpretación, lo que no impide que el inconsciente esté estructurado como un lenguaje, uno de esos lenguajes de los cuales, precisamente, es asunto de los lingüistas hacernos creer que lalangue está animada. »
« La interpretación, eso debe ser… el ready-made de Marcel Duchamp. Que al menos ustedes escuchen algo. Lo esencial que hay en el juego de palabras, es ahí adonde debe apuntar nuestra interpretación, para no ser aquella que alimenta de sentido al síntoma ».
« La relación es la misma, del círculo donde se alberga lo real, con el sentido. Por eso insistí, especialmente durante la conferencia de prensa, en esto: que, al alimentar de sentido al síntoma, es decir, a lo real, no se hace sino darle continuidad de subsistencia.
Por el contrario, es en la medida en que algo en lo simbólico se estrecha por aquello que he llamado el juego de palabras, el equívoco, el cual comporta la abolición del sentido, que todo lo que concierne al goce, y especialmente al goce fálico, puede igualmente estrecharse ».
« En psicoanálisis, los términos ‘enfermo’, ‘médico’, ‘medicina’, no son exactos, no se utilizan. Incluso las fórmulas pasivas que se emplean habitualmente no son correctas. Se dice: hacerse psicoanalizar. Eso es falso. Quien realiza el verdadero trabajo en el análisis es aquel que habla, el sujeto analizante, aun cuando lo haga según el modo sugerido por el analista, que le indica cómo proceder y lo ayuda mediante intervenciones. Se le ofrecen interpretaciones que, a primera vista, parecen dar sentido a lo que el analizante dice.
En realidad, la interpretación es más sutil: tiende a borrar el sentido de las cosas de las que el sujeto sufre. El objetivo es mostrarle, a través de su propio relato, que su síntoma —digamos, la enfermedad— no está en relación con nada, que está desprovisto de todo sentido. Aunque en apariencia sea real, no existe.
Las vías por las cuales esta acción de la palabra opera requieren una gran práctica y una paciencia infinita. »
« Con una especie de ingenuidad, Freud se emplea a reflexionar sobre la función de la tensión. ¿Qué puede decirse de más vago que considerar un cuerpo —quiero decir, eso que ustedes son aquí, frente a mí, presentes con su cuerpo— como algo más o menos cosquilleado? En la práctica analítica, de lo que se trata no es simplemente de hacer cosquillas. Nos damos cuenta que hay palabras que portan, y otras que no. Eso es lo que se llama la interpretación. »
« Resulta, sin embargo, bastante curioso que, apoyado en esa palabra con la que pedimos al sujeto en cuestión que haga un hablar tout venant (como venga), un decir pueda producir un efecto… Solo que sigue siendo bastante curioso que, en definitiva, sea su decir el que porta. Portamucho más lejos que aquello que se ofrece como material —es el término que empleamos— de parloteo.
Vale, sin duda, la pena, para explicar esto, intentar tener algo que se asemeje a un real.»
« Tampoco hay un solo hecho transmitido bajo el título de lapsus que no venga siempre acompañado de algo que interpreta el punto en que la conducta del sujeto ha tropezado. Si esta ha tropezado, fue porque tuvo que pasar por una doble traducción, a saber: una traducción en palabras, de ida y vuelta. Es en el retorno donde el juego de palabras se muestra precisamente como fallando el blanco, cayendo al lado. No hace falta insistir, ya que esa es su esencia misma. Si el chiste tiene algún sentido, es precisamente el de producir equívoco. En eso nos ofrece el modelo de la interpretación analítica justa ».
1975
« En eso, el francés es indicativo. Cuando se habla sirviéndose de un adverbio, cuando se dice dit réelle-ment, mentale-ment, héroïque-ment, (real-mente, mental-mente, heroica-mente), la adición de ese ment ya es, por sí sola, bastante indicativa de esto: que se miente. Hay mentira indicada en todo adverbio. No es accidente. Cuando interpretamos, debemos poner atención.
Alguien que no está muy lejos de mí hacía la observación, a propósito de la lengua, en tanto que designa el instrumento de la palabra, de que también la lengua era la que portaba las papilas llamadas del gusto. Pues bien, yo le replicaré que no es por nada que lo que ce qu’on dit ment (lo que se dice miente /condiment).
Ustedes tienen la bondad de reírse, pero no es gracioso, porque en fin de cuentas no tenemos más que eso, el equívoco, como arma contra el sinthome.
En efecto, es únicamente por el equívoco que la interpretación opera. Es preciso que haya algo en el significante que resuene.
Sorprende que eso no haya aparecido en absoluto a los filósofos ingleses. Los llamo así porque no son psicoanalistas. Creen firmemente que la parole no tiene efecto. Se equivocan. Se imaginan que hay pulsiones —y eso, además, cuando aceptan no traducir Trieb por instinct. No se imaginan que las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir.
Ese decir, para que resuene, para que consuene, otra palabra del sinthome madaquin, hace falta que el cuerpo sea sensible a ello. Que lo es, es un hecho. Es porque el cuerpo tiene algunos orificios, de los cuales el más importante es la oreja, porque no puede taparse, cerrarse, clausurarse. Es por esta vía por donde responde en el cuerpo lo que he llamado la voz. »
1977
« El analista, él, corta.
Lo que él dice es corte, es decir, participa de la escritura, con la salvedad de que para él hay equívoco en la ortografía. Él escribe de manera diferente para que, por la gracia de la ortografía, de una manera distinta de escribir, suene otra cosa que lo que se dice, que lo que se dice con la intención de decir, es decir, conscientemente, en la medida en que la conciencia llegue lo bastante lejos.
Por eso digo que, ni en lo que dice el analizante ni en lo que dice el analista, hay otra cosa que escritura. No llega muy lejos esa conciencia; uno no sabe lo que dice cuando habla. Es justamente por eso que el analizante dice más de lo que quiere decir.
El analista corta al leer lo que hay de lo que él quiere decir, si es que el analista sabe lo que él mismo quiere. Hay mucho juego, en el sentido de libertad, en todo esto. Eso juega, en el sentido que la palabra tiene ordinariamente. »
1978
Lo legible: en eso consiste el saber. Y, en suma, es breve. Lo que digo de la transferencia es que lo he avanzado tímidamente como siendo el sujeto —un sujeto es siempre supuesto; no hay sujeto propiamente dicho, no hay más que lo supuesto— el sujeto supuesto saber. ¿Qué puede querer decir eso? El supuesto-saber-leer-otramente.
Ese otramente del que se trata es precisamente el que yo escribo —yo también— de la manera siguiente: S(A barrada). Otramente ( Autrement ), ¿qué quiere decir? Se trata del gran A, es decir, del gran Otro.