LA INTERPRETACIÓN I : HACIA LA VERDAD
« Si la interpretación no tiene esa relación con aquello que no hay manera de llamar de otro modo que la verdad, no es más que aquello detrás de lo cual uno la encubre. »

I. Hacia la verdad
Jacques Lacan
1955
…pues, en fin, no hay que olvidar que hay dos operaciones:
— Primero, hacer el sueño;
— Segundo, interpretarlo.
Interpretar es una operación en la que nosotros intervenimos. Pero no olviden que, en la mayoría de los casos, también intervenimos en la primera, porque lo que hacemos en un análisis no es simplemente interpretar el sueño del sujeto —si es que llegamos a interpretarlo—, sino que como ya estamos, a título de analistas, dentro de la vida del sujeto, ya estamos en su sueño.
1959
« La cuestión que me ha ocupado, y de la cual no me he apartado en absoluto, ha sido, como han podido ver, la del lugar del deseo en la economía de la experiencia analítica. Pienso, en efecto, que toda interpretación particular de cualquier deseo debe partir de ahí ».
« Sin duda, el análisis es una situación en la que el analista se ofrece como soporte para todas las demandas y no responde a ninguna, pero ¿es solamente en esa no respuesta —que está muy lejos de ser una no respuesta absoluta— donde se encuentra el resorte de nuestra presencia?
¿No hace falta otorgar una parte esencial a un elemento que es inmanente a la situación y que se reproduce al final de cada sesión?
Me refiero a ese vacío al cual nuestro deseo debe limitarse, ese lugar que dejamos al deseo para que se sitúe allí —en suma, el corte.
El corte es sin duda el modo más eficaz de la interpretación analítica. Ese corte, se quiere volverlo mecánico, someterlo a un tiempo prefabricado. Pues bien, no sólo lo situamos efectivamente en un lugar completamente distinto, sino que añadimos que es uno de los métodos más eficaces de nuestra intervención. Sepamos insistir en ello y aplicarnos a ello. »
1963
« Ustedes saben que el síntoma no puede ser interpretado directamente, que para ello hace falta la transferencia, es decir, la introducción del Otro… No es esencialmente de la naturaleza del síntoma el tener que ser interpretado. No llama a la interpretación como lo hace el acting out, contrariamente a lo que podrían creer.
Hay que decirlo, por lo demás: el acting out sí llama a la interpretación, pero la cuestión es saber si ésta es posible…
Cuando se trata del síntoma, está claro que la interpretación es posible, pero a condición de que se le agregue algo: a saber, que la transferencia esté establecida.
Por su naturaleza, el síntoma no es como el acting out, que llama a la interpretación, porque —se olvida demasiado— lo que el análisis descubre en el síntoma es que el síntoma no es un llamado al Otro, no es algo que se muestra al Otro.
El síntoma, por su naturaleza, es goce —no lo olviden—, un goce forrado sin duda, untergebliebene Befriedigung, no los necesita a ustedes como el acting out, se basta a sí mismo.
Pertenece al orden de lo que les enseñé a distinguir del deseo como siendo el goce, es decir, que va hacia la Cosa, habiendo atravesado la barrera del bien —referencia a mi Seminario sobre la ética—, es decir, del principio del placer; y es por eso por lo que ese goce puede traducirse como un Unlust —para quienes aún no lo hayan escuchado, ese término alemán significa displacer. »
1964
« Freud, cuando introduce la función de la transferencia, se cuida muy bien de señalar ese momento como la causa de lo que llamamos transferencia. El Otro, latente o no, está presente desde antes en la revelación subjetiva. Ya está ahí cuando algo ha empezado a aflorar del inconsciente.
La interpretación del analista no hace más que recubrir el hecho de que el inconsciente —si es lo que yo digo, a saber, el juego del significante— ya ha procedido, en sus formaciones —sueño, lapsus, chiste o síntoma—, por interpretación. El Otro, el gran Otro, ya está ahí en toda apertura, por fugaz que sea, del inconsciente.»
« Esto es esencial para hacer notar la paradoja que se expresa bastante comúnmente en lo siguiente —y que puede encontrarse incluso en el texto de Freud— que el analista debe esperar a la transferencia para empezar a dar la interpretación. »
« La interpretación concierne a ese factor de una estructura temporal especial, que he intentado definir mediante la metonimia. La interpretación, en su término, apunta al deseo, con el cual, en cierto sentido, se identifica. El deseo es, en suma, la interpretación misma. »
« La alienación tiene como consecuencia que la interpretación no reside en el hecho de que nos entregue las significaciones de la vía por donde anda lo psíquico que tenemos ante nosotros. Ese alcance no es más que un preludio. La interpretación no apunta tanto al sentido, sino a reducir los significantes en su no-sentido para que podamos reencontrar los determinantes de toda la conducta del sujeto.
Les ruego, sobre este punto, remitirse a lo que mi alumno Leclaire aportó en el Congreso de Bonneval, en el sentido de una aplicación de mis tesis. Verán en su intervención que él aislaba la secuencia del unicornio, no en su dependencia de significación, como se creyó en la discusión, sino precisamente en su carácter irreductible y sin sentido de cadena de significantes. »
« Es mucho más simple darse cuenta de que lo que ocurre es que un significante sustitutivo ha ocupado el lugar de otro significante para constituir el efecto de metáfora. Remite a otra parte al significante que ha desalojado. Si se quiere justamente conservar la posibilidad de un manejo de tipo fraccional, se colocará el significante desaparecido, el significante reprimido, por debajo de la barra principal, en el denominador, unterdrückt.
Por consiguiente, es falso decir que la interpretación —como se ha escrito— está abierta a todo sentido, con el pretexto de que se trata de la articulación de un significante con otro significante, y por consiguiente de una articulación sin pies ni cabeza. La interpretación no está abierta a todo sentido. Conceder eso sería dar la razón a quienes se alzan contra los rasgos inciertos de la interpretación analítica, sosteniendo que, en efecto, todas las interpretaciones son posibles, lo cual es propiamente absurdo. El hecho de que el efecto de la interpretación consista, como lo he dicho, en aislar en el sujeto un núcleo, un Kern, para expresarse como Freud, de no-sentido, no implica que la interpretación sea ella misma un no-sentido.
La interpretación es una significación que no es una cualquiera. Viene aquí en el lugar de s, y revierte la relación por la cual el significante tiene por efecto, en el lenguaje, el significado. Su efecto es hacer surgir un significante irreductible. Hay que interpretar al nivel de s, que no está abierto a todos los sentidos, que no puede ser cualquier cosa, que es una significación, sin duda solamente aproximada. Lo que ahí hay es rico y complejo cuando se trata del inconsciente del sujeto, y está destinado a hacer surgir elementos significantes irreductibles, non-sensical, hechos de no-sentido. En ese mismo artículo, Leclaire ilustró particularmente bien el pasaje de la interpretación significativa hacia el no-sentido significante, cuando nos muestra, a propósito de su obsesivo, la fórmula Poordjeli, que enlaza entre sí las dos sílabas de la palabra licorne(unicornio), permitiendo introducir en su secuencia toda una cadena donde se anima su deseo. Verán, por lo demás, en lo que publicará más adelante, que las cosas van incluso más lejos allí.
La interpretación no está abierta a todos los sentidos. No es cualquiera. Es una interpretación significativa y que no debe fallarse. Eso no impide que esa significación no sea lo que es esencial para el advenimiento del sujeto. Lo esencial es que él vea, más allá de esa significación, a qué significante —no-sentido, irreductible, traumático— está, como sujeto, asujetado. »
1965
« El psicoanalista es, en efecto, aquel a quien se confía la operación de una conversión ética radical: aquella que introduce al sujeto en el orden del deseo. »
1967
« ¿Opera la interpretación por un efecto de significado, como parece indicarlo nuestra fórmula de la metáfora? La fórmula indica, sin duda, que se trata de un efecto de significación, pero es preciso situarlo a nivel de su estructura lógica, en el sentido técnico del término.
Con todo, esto no es más que un hito en el camino. Es la continuación del discurso que sostengo lo que les precisará las razones por las cuales ese efecto de significación se especifica y delimita la interpretación como un efecto de verdad.
Después de eso, abro un paréntesis para darles todos los motivos que me permiten precisar así el efecto de la interpretación. Estas cosas las expondré como pueda, cada una a su turno, como se empuja un rebaño de ovejas.
Entiendan bien que digo efecto de verdad, y que de ningún modo puede prejuzgarse como la verdad de la interpretación. ¿Puede o no atribuirse el índice de verdadero o falso al significante de la interpretación misma? Nada permite decirlo aquí.
Ese significante no era, como tal, más que un significante de más, incluso de sobra, significante de alguna falta como falta en el universo del discurso, hasta que vino a portar un efecto de verdad. No digo más que eso y nada más.
Ese significante no era, como tal, más que un significante de más, incluso de sobra, significante de alguna falta como falta en el universo del discurso, hasta que vino a portar un efecto de verdad. No digo más que eso y nada más. La última vez les hice una observación sobre la implicación en tanto implicación material, es decir, en tanto existe lo que se llama la consecuencia en la cadena significante, lo cual no quiere decir otra cosa que la relación de antecedente a consecuente, de prótasis a apódosis. Les hago notar que no hay ningún obstáculo para que una premisa sea falsa con tal de que la conclusión sea verdadera. Su vínculo está marcado por el índice de verdad.
Por lo tanto, suspendan su atención sobre eso que he llamado efecto de verdad, antes de que sepamos un poco más acerca de lo que hay en la función de la interpretación. »
« La verdad de la alienación sólo se muestra en la parte perdida —que no es otra, si me siguen, que el Yo no soy.
El Yo no soy es lo esencial de lo que está en juego en el inconsciente. En efecto, todo lo que pertenece al inconsciente se caracteriza por un rasgo que un solo y único discípulo de Freud, sin duda, supo mantener como esencial: a saber, la sorpresa. Esa sorpresa, que aparece en el nivel de toda interpretación verdadera y que es un rasgo revelador esencial que debe preservarse en su fenomenología, no tiene otro fundamento que la dimensión del Yo no soy.
Es también por eso que el chiste (mot d’esprit) es lo más revelador y lo más característico de esos efectos que he llamado las formaciones del inconsciente. La risa de la que se trata se produce en el nivel del Yo no soy. »
« Se le pide al paciente que pase por la vía de las asociaciones libres, y él obedece a esa recomendación, en tanto es la vía que le proponemos. Esa vía no le ordena producir un discurso que sea flojo ni fragmentado, sino que, de algún modo, lo legitima a decir las cosas tal como le vienen. Sin embargo, para que algunos de sus dichos logren, a veces, distinguir —hasta en los matices— los incidentes de su relación con su propia demanda o con su pregunta acerca de su deseo, es preciso que haya allí algo más que un discurso de pura asociación. ¿No es esto, acaso, de naturaleza tal que nos lleve por un momento a reflexionar sobre lo que condiciona ese discurso más allá de nuestras consignas? Y ahí, debemos tomar en cuenta que interviene un elemento suplementario —que se llama la interpretación.
Preguntarse qué es y cómo debe hacerse no deja de provocar en el analista una creciente perplejidad, quizá por no haberse planteado, con la debida antelación, la cuestión de saber en qué medida el discurso libre que se recomienda al sujeto está condicionado por el hecho de que está en vías de ser interpretado.»
« …el pie sobre el cual él parte —a saber, que, en último término, no es otra cosa que la verdad la que se plantea allí como lo que debe ser buscado. Esa verdad ha de buscarse en las fallas de los enunciados —fallas que le doy libertad, que casi le recomiendo, multiplicar; pero eso supone, por supuesto, en el principio mismo de la regla que le doy, una coherencia que implica la eventual restauración de dichas fallas. ¿Y según qué normas ha de hacerse esa restauración, si no es según aquellas que evoca, que sugiere, la presencia de la dimensión de la verdad? —dimensión inevitable en la instauración del discurso analítico.
El discurso analítico es un discurso sometido a esta ley: la de solicitar una verdad que hable… solicitarla, en suma, para que enuncie un vere-dicto, un dicto verdadero. »
« La relación con la verdad es imposible de excluir, por la razón que van a ver: si la interpretación no tiene esa relación con aquello que no hay manera de llamar de otro modo que la verdad, no es más que aquello detrás de lo cual uno la encubre. »
« Y, sin embargo, la verdad del deseo, esa, es tangible. Siempre tenemos que ver con ella, puesto que es por eso que la gente viene a buscarnos. Vienen por lo que les ocurre cuando el deseo llega a lo que se llama la hora de la verdad. Eso quiere decir: he deseado mucho algo, lo he deseado intensamente, pero aquí estoy frente a ello, puedo tenerlo… y es entonces cuando ocurre un tropiezo. »
« …entonces se les dice que la interpretación ha tenido, o no, éxito, como suele decirse, porque ha tenido —ése es el criterio— su efecto de discurso, que no puede ser otra cosa que un discurso; es decir, que hubo material, que eso rebotó, que el tipo siguió parloteando. Pero si es eso, si no es más que un puro efecto de discurso, eso tiene un nombre que el psicoanálisis conoce perfectamente —y que, por cierto, es un problema, lo cual resulta extraño—: es lo que se llama, muy precisamente, la sugestión.
Si la interpretación no es más que lo que produce ‘material’, si se elimina radicalmente la dimensión de la verdad, toda interpretación no es más que sugestión. »
« …sobre la interpretación exacta o inexacta… Inexacta no quiere decir que sea falsa. [Freud] admite la eventual fecundidad de la interpretación inexacta, es decir, que puede haber una que, aun no siendo exacta, no sea falsa, y que se muestre tan fecunda como puede serlo una interpretación llamada exacta. Una interpretación puede muy bien no tener nada que ver con aquello de lo que se trata en ese momento como verdad; sin embargo, sucede que, a veces, no cae necesariamente fuera de lugar —pues la verdad se quiere rebelde, y, aun así, se la ha cosquilleado en alguna parte con esa interpretación, por muy inexacta que sea. No hay manera de no ver que allí empieza a asomar.
Ahora bien, el discurso analítico está destinado a cautivar a la verdad, y ésta está representada en él por la respuesta interpretativa. Es la interpretación, en tanto posible —incluso cuando no tiene lugar—, la que orienta este discurso. El discurso que hemos comentado como discurso libre tiene por función hacerle lugar a la interpretación. No tiende a otra cosa que a instituir un lugar de reserva para que ésta se inscriba allí, un lugar reservado a la verdad.
Ese lugar es el que ocupa el analista.»
« Si hay algo que el psicoanálisis está hecho para hacer resaltar, para poner en valor, ciertamente no es el sentido —en el sentido, justamente, en que las cosas tienen sentido, o en que se cree comunicar un sentido… Es mucho más —más bien— en el señalamiento de la no-comprensión, por el hecho de disipar, de borrar, de soplar el terreno de la falsa comprensión… »
1968
« Es porque el saber que nos interesa en tanto analistas no es propiamente más que aquello que se dice. Si digo que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, es porque el inconsciente que nos interesa es aquello que puede decirse, y que, al decirse, engendra al sujeto.
Porque el sujeto es una determinación de ese saber, es aquello que corre por debajo de ese saber. Pero no corre allí libremente: encuentra topes, tropiezos. En eso, y en nada más, reside el hecho de que tenemos que ver con un saber… El inconsciente es la consecuencia de lo que ha podido delimitarse del lazo del sujeto con el discurso, y que ha mostrado que ese lazo tiene consecuencias mucho más complejas de lo que se había visto hasta entonces. A saber: aparece que el sujeto, por ser segundo con respecto al saber, no dice todo lo que sabe —punto del cual no se dudaba, aunque desde hacía tiempo se sospechaba que no sabe todo lo que dice.
Éste es el punto que ha permitido la constitución de la burbuja. Depende muy precisamente de esto: que advertimos, a este respecto, cómo se produce la dimensión de la verdad. Lo que nos enseña el psicoanálisis es que la verdad yace en el punto donde el sujeto rehúsa saber. Todo lo que es rechazado de lo simbólico reaparece en lo real. Ésta es la clave de lo que se llama el síntoma. El síntoma es ese nudo real donde está la verdad del sujeto.
Desde el comienzo, muy temprano, les he dicho que los pequeños episodios de estas últimas semanas —ellos son la verdad. Eso no quiere decir que la digan. La verdad no es algo que se sepa así, sin trabajo. Es justamente por eso que toma ese cuerpo que se llama el síntoma, que muestra dónde está la morada de aquello que se llama verdad. »
1969
« Lo importante es que el sueño se nos presenta como alucinatorio, con el acento que, en este nivel, Freud da a este término. ¿Qué quiere decir esto? —sino que el sueño es ya, en sí mismo, una interpretación, salvaje, sin duda, pero interpretación.
Ahora bien, como Freud lo escribe con toda tranquilidad, el sueño se presenta como un jeroglífico, un rébus… ¿Qué hacemos entonces al sustituir a esa interpretación salvaje nuestra interpretación razonada?
Basta, sobre esto, con invocar la práctica de cada uno de los que son analistas.
Para los demás, que relean con esta luz los sueños citados en Traumdeutung, y verán que en esa interpretación razonada no se trata de nada más que de una frase reconstituida, y de advertir el punto de falla donde, en tanto frase —y no en absoluto en tanto sentido—, deja ver aquello que falla, aquello que cojea.
Y eso que cojea, es el deseo. »
« Entonces, cuando interpretamos un sueño, lo que nos guía no es, ciertamente: ¿qué quiere decir eso?, ni tampoco: ¿qué quiere para decir eso?, sino: ¿qué es lo que, al decir, eso quiere? Eso —no lo sabe— lo que quiere, en apariencia. »
« Nos equivocamos al plantearnos, a propósito del sueño, la pregunta: ¿qué quiere decir eso?, porque ahí no está lo que importa. Lo que nos importa es: ¿dónde está la falla de lo que se dice? — y esto, en un nivel donde lo que se dice es distinto de aquello que se presenta como queriendo decir algo. Y, sin embargo, eso dice algo sin saber lo que dice, puesto que nos vemos obligados a ayudarlo mediante nuestra interpretación razonada. »
« Podemos admitir, por supuesto, que, en un primer momento, la investigación analítica no haya llegado en absoluto a dar una articulación lógica a aquello que se presenta como totalmente determinante, en apariencia, en cierta manera de reaccionar ante el trauma. Bastaría, sin embargo, con advertir que ese punto de la anamnesis, que se considera original y reorientador, ha sido efectivamente producido de manera retroactiva por el conjunto de las interpretaciones del psicoanalista…»
« La interpretación analítica se distingue en que, dentro de aquello que ya se articula como saber —por primitivo que sea—, apunta a un efecto: un efecto de saber por estar allí articulado, que deja sensible a título de verdad.
Esa verdad, como hemos dicho, está del lado del deseo, es decir, de la división del sujeto… La verdad de la que se trata se resume en que la Cosa freudiana, es decir, esta verdad –la Cosa freudiana, esa verdad, es la misma cosa— tiene por propiedad ser asexuada… »
1970
« Con algo tan simple como mis cuatro pequeños signos, pude mostrar hace un momento que basta con que a ese rasgo unario le demos compañía de otro rasgo, S₂, para que, a partir de significantes igualmente lícitos, podamos situar lo que hay de su sentido y, por otra parte, su inserción en el goce, del Otro —en aquello por lo cual es el medio del goce.
A partir de ahí comienza el trabajo. Es con el saber, en tanto medio del goce, que se produce el trabajo que tiene un sentido —un sentido oscuro. Ese sentido es el de la verdad. »